y pensó que eran horas intempestivas para recordar aquella vez en aquel bar, en aquel callejón, a la sombra de la preocupación,
cuando una voz de mujer le susurraba que eran el vivo reflejo de la fortaleza que tenía.
pero las miró más de cerca; las sorprendió agrietadas como si derepente hubieran envejecido treinta años con un parpadeo.
El tiempo pasa, pensó; para todo.
lo acababa de volver a hacer.
tu jazz está naciendo.
1 de febrero de 2011
Intermitencia imprevisible la tuya de aparecer como una sombra entre dos postales de Europa.
Mis pisadas se mezclan en el más inconsciente de los devenires griegos, re-calcando tus apariciones inesperadas.
Que baños sin coherencia y humo se cuiden del atisbo de nuestra no razón. Prendiendo de eso que tú gastas para que no desaparezca lo que falta cuando todos se van.
Susúrrandome perdones con las manos, resbalando cada letra por tus dedos, olvídate. Olvidas la p de 'principio' y la n de 'nunca más'. Nunca lo consigues, siempre te tendré suplicando los porqués con parpadeos de pupilas transparentes.
Ríndete, no hables. No digas nada con los labios. Articula ese agridulce impulso con el más caótico y el más ahogado de los gemidos.
Sécate la boca; ponte, Sol. Da paso a que alumbren por la noches trozos de tierra suspendidos en el espacio con esos livianos rayos y el dudoso repertorio de reflejos desgastaos de tus modos.